Los Apodos

Autor: 
Nuevitas
Fecha: 
Friday, March 20, 2015 - 10:15
Imagen: 
Body: 

La costumbre de usar “ Apodos ” o sobrenombres es universal, en Cuba esta práctica es acentuada y en nuestra ciudad es muy frecuente, al extremo, que resulta imprescindible, en oportunidades, recurrir a ellos para llamar a algún lugareño, convirtiéndose así en una usanza antiquísima y perdurable.

Múltiples son los orígenes de estos seudónimos: unos hacen referencia a determinadas características de las personas, otros tienen que ver con incidentes importantes, modos de vida, actuar, costumbres y diversos son los que están vinculados a nombres de animales y plantas, pero en fin, todos adquieren su sentido al ser asumidos y aceptados por la sociedad.

Veamos algunos de los singulares apelativos que son utilizados aquí: “caballo viejo”, “pata de catre”, “maca la breva”, “platanito”, “pata sucia”, “hueva de lisa”, “ quijá de gaveta ”, “ sapito ”, “ siete curva ”, “ chincha vieja”, “ mono ”, “ leche fría ”,” manicero”,” caballo loco ”, “ chipojo ”, “ medio pollo ”, “ polilla ”,” aguacatón”, ”pirulí “ , ” merenguito “ , ”cara de guante”; en fin todos tratan de reflejar de alguna manera al sujeto que le da origen.

Pero los “apodos” no sólo se refieren a individuos. Es cierto que muchos coterráneos son llamados de esta manera y usted se encuentra un “alias” para cada gente, pero esta práctica no pocas veces sirve para designar familias enteras, en todos los casos, múltiples son las razones que explican la génesis de esta manera de llamar a las personas.

En nuestras calles es rutina oír como son nombrados afectuosamente los amigos por esos vocativos, a los que responden sin réplica alguna, basta ser aceptados y utilizados con frecuencia para que ocupen un lugar notorio entre las tradiciones de nuestra legendaria ciudad.

Una numerosa familia nuevitera responde a un peculiar apodo: “vaca frita”. Cuentan que uno de sus antepasados realizaba labores de cocina entre las huestes mambisas que luchaban por nuestra independencia a finales del siglo XIX, y gustaba freír carne de res para completar el esperado menú, hasta que un día, alguien de forma picaresca le preguntó: ¿De nuevo vaca frita? Fue lo suficiente para que lo rebautizaran de este modo.

Este sobrenombre se ha perpetuado en el tiempo. Afirman que uno de sus descendientes laboraba de chofer del carro fúnebre en la década de los 70 del recién concluido siglo y en ocasión de prepararse la salida del cortejo luctuoso hacia la necrópolis para realizar un sepelio, la viuda del difunto, angustiada gritaba: ¡vaca frita no te lo lleves!

Otra anécdota interesante es la relacionada con un buen hombre de pueblo que en medio de la precaria situación que vivía la población antes del triunfo de la Revolución, intentaba ganarse el sustento, carretilla en mano, vendiendo pescado, pero su empeño resultaba casi siempre infructuoso, entonces en medio de su angustia, a modo de pregón exclamaba: “vendo pescado, no me oye, yo también tengo que vivir”, ello le granjeó que en lo adelante todos le llamaran “no me oye”.

Otros apelativos que se usan acá son: “cuatro ojos”,” pata de plancha”,”nariz de corneja”, “Pepe cabecita”, “Cheo el cojo”, “pin pin”, “pata de banqueta”. Es tal la trascendencia de esta práctica que hasta un libro ha sido dedicado completamente a este tema en nuestra villa.

Así las cosas, se dará cuenta entonces, que si alguien llega de viaje a nuestra localidad en busca de persona conocida, es más fácil encontrarla por su apodo que por su nombre; pero si no le brindan suficiente información, entonces, utilice el apodo colectivo que nos hemos ganado los que aquí vivimos: “cangrejeros”.